¡Buen jueves! En un cuarto que lleva meses cerrado, el polvo se asienta en los muebles, el aire se queda quieto y un olor a encierro se va extendiendo hasta que no queda rincón sin él. La palabra de hoy dice que esas cosas se enseñorean del cuarto, como si se hubieran vuelto sus dueñas. Pero el polvo no decidió asentarse, y el silencio no tiene intención de quedarse. ¿Se puede ser el dueño de un sitio sin haber querido nunca serlo?
Gracias a Sirenia, a quien le pareció curioso que los alebrijes salieran de la pesadilla de alguien con fiebre, y gracias por abrir la edición #175.




