¡Buen miércoles! Octubre lleva apenas una semana y la tarde ya se acorta: a las siete se hace de noche donde en agosto aún quedaba sol. Lo raro es que los pendientes no menguan al mismo paso que la luz, y la última faena del día, ordenar algo o cerrar algo, termina cayendo en penumbra. Puede que el trabajo siga siendo el mismo de siempre y lo único distinto sea la hora en que deja de haber luz para hacerlo. Gracias por abrir la edición #174.
Cuando cierras una faena del día (entregar el pedido, dejar la cocina limpia, apagar la computadora), ¿te concedes un segundo para reconocer lo que lograste, o ya ibas corriendo hacia la siguiente sin mirar atrás?

Día Mundial por el Trabajo Decente
Desde 2008, cada 7 de octubre el mundo dedica una jornada a recordar que el trabajo no solo debe dar sustento, sino también dignidad: horarios justos, salario que alcance y respeto. La impulsó la Confederación Sindical Internacional y resuena fuerte en América Latina, donde millones sostienen a su familia con su esfuerzo diario.
Piensa en el primer trabajo que te hizo sentir orgulloso: ¿quién te enseñó que ganarse la vida con dignidad valía tanto como el sueldo que llevabas a casa?
faena
Etimología Del catalán antiguo 'faena', y este del latín 'facienda', que significa 'las cosas que han de hacerse', del verbo 'facere' (hacer). La palabra guarda, en su raíz, la idea pura del quehacer.

Trabajo o tarea, en especial la que exige esfuerzo físico o constancia. También nombra cada uno de los quehaceres cotidianos de la casa o el oficio.

La anguila eléctrica no solo descarga bajo el agua: cuando se siente acorralada salta fuera del río y aprieta la barbilla contra el animal que la amenaza, descargándole hasta 600 voltios directo sobre el cuerpo. Entre más alto salta, más fuerte es el golpe, porque fuera del agua la corriente no tiene por dónde volver salvo atravesando a la víctima.
Los alebrijes que crees ancestrales los soñó un cartonero con fiebre
En cualquier mercado de Oaxaca cuelgan dragones de madera pintados a mano, y es fácil suponerlos herederos de algún arte prehispánico. No lo son. En 1936, un cartonero de la Ciudad de México llamado Pedro Linares cayó con una fiebre altísima y, delirando, se vio en un bosque donde las rocas y las nubes se volvían bestias con alas, cuernos y ojos saltones que coreaban una palabra sin sentido: alebrije. Al sanar las reconstruyó en papel y engrudo, la faena de toda su vida. Diego Rivera y Frida Kahlo empezaron a encargárselas; solo después un tallador oaxaqueño las pasó a madera de copal. Lo que parece milenario tiene menos de un siglo, y nació de una pesadilla.

Para que el pueblo no se apagara, lo que reabrieron fue el café
En Saint-Martin-sur-Ouanne, un pueblo de Borgoña, ya habían perdido la panadería años atrás. Cuando el único café bajó las cortinas durante ocho meses, el pueblo se quedó sin un solo lugar al que llegar a sentarse. En Francia los cafés de pueblo cayeron de 500,000 a apenas 40,000 en los últimos 125 años, y cada cierre deja a alguien más sin a dónde ir. Así que Hervé Chapuis, el alcalde, destinó 25,000 euros de dinero público a la faena de rehacer el local y le entregó las llaves a una nueva encargada. Hoy Au Bon Accueil vuelve a abrir cada mañana, no para vender café, sino para que el pueblo tenga dónde volver a verse.
Levitar una gota en el aire ya no pide un laboratorio, sino un Arduino
Una gota de agua queda suspendida en el aire, temblando, sin que nada la toque. Durante años eso exigía aparatos hechos a la medida, altos voltajes y un puñado de laboratorios en el mundo. Entonces Asier Marzo, de la Universidad de Bristol, publicó los planos del TinyLev: 72 transductores de 40 kHz, un marco impreso en 3D y un Arduino, todo de ferretería, con un sonido tan agudo que el oído humano no lo alcanza. Hoy cualquier estudiante lo arma en su casa o en la escuela y levanta no solo gotas, también insectos pequeños.

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