¡Buen miércoles! Septiembre apenas lleva dos días y en muchos sitios la tarde todavía aprieta de calor, aunque la mañana ya venga un punto más fresca. Un mes recién abierto suele tragarse entero: se corre a ponerlo en marcha, a tapar los primeros huecos de la agenda. Puede que lo que se paladea no sea lo que empieza sino lo que va quedando atrás; a un septiembre estrenado se le pasa por encima, y a un agosto ya ido se le dan vueltas despacio. No está claro si algo se saborea mejor mientras pasa o cuando ya casi no está. Gracias por abrir la edición #147.
Piensa en tu primer trago de café o de chocolate de la mañana: ¿lo paladeas de verdad, o ya lo bebiste de pie y con el celular en la otra mano?

Día Nacional del Cacao y el Chocolate en México
El Senado mexicano declaró el 2 de septiembre como Día Nacional del Cacao y el Chocolate, en reconocimiento a que México es cuna de esta semilla que los pueblos mesoamericanos domesticaron y regalaron al mundo. La fecha celebra un patrimonio vivo que va del cacao ritual mexica al chocolate que hoy endulza mesas de todo el planeta.
Imagina tu taza en una mañana fría sin ese chocolate espeso que batían tus abuelas con molinillo: ¿qué consuelo cotidiano te habría faltado siempre?
paladear
Etimología Deriva de «paladar», que a su vez viene del latín «palatum» (paladar, bóveda de la boca). De ahí pasó a significar el acto de percibir y demorarse en el sabor.

Saborear algo lentamente, deteniéndose en el gusto y el placer que produce. En sentido figurado, disfrutar poco a poco de una experiencia grata, como un recuerdo o un triunfo.
El escarabajo bombardero no almacena veneno: lo fabrica en el instante del ataque, mezclando hidroquinona y peróxido de hidrógeno con enzimas en una cámara blindada que dispara un rocío cercano a la ebullición en unos 70 estallidos, a 500 pulsos por segundo, sin cocinarse por dentro.
Nadie programó que los marcianos fueran más rápido; el procesador no daba abasto
Al arrancar la partida, la hilera de marcianos baja lenta, casi perezosa; conforme los derribas, se aceleran hasta volverse frenéticos, y el pulso se te va con ellos. Nadie lo programó así. Cuando Tomohiro Nishikado montó Space Invaders en 1978 sobre un procesador Intel 8080, la máquina dibujaba cada cuadro más rápido cuando quedaban menos naves en pantalla: menos que calcular, todo corría veloz. Era una falla del hardware, no una decisión. Nishikado la vio, la paladeó un momento y decidió quedársela. Así, un cuello de botella técnico inventó sin querer la curva de dificultad, esa tensión que sube sola y que hoy usan casi todos los videojuegos.
Empezaron un verano buscando seguidores y terminaron limpiando el fondo del río
En Idaho, ocho adolescentes pasaban el verano buceando en el río en busca de peces y de cosas que la gente perdía en la corriente. Abrieron una cuenta llamada 208 Boys, por el código de área del estado, con la meta modesta de juntar diez mil seguidores. Pero lo que seguían encontrando bajo el agua era basura, así que empezaron a sacarla y a subir los videos. Uno se volvió viral: hoy los siguen casi 180 mil personas. Los chicos regresan cada tanto a limpiar el fondo y le piden a su público algo simple: hacerse cargo de la propia basura.
Y si una hoja de afeitar y un lápiz bastaran para oír la radio sin pila
En una trinchera de Anzio, en 1944, un soldado quería noticias, pero cualquier receptor con baterías podía delatar su posición al enemigo. La salida fue armar uno que no necesitara corriente: un carrete de alambre de cobre enrollado en un tubo de cartón, unos audífonos y, como pieza clave, una hoja de afeitar azulada al fuego y la punta de un lápiz. Ese contacto entre grafito y metal oxidado funcionaba como diodo: rectificaba la señal y la volvía audible, alimentado solo por la energía de las propias ondas. Aquellos aparatos, apodados foxhole radios, todavía sirven: con un cable largo de antena y una buena tierra, cualquiera capta una estación de AM sin gastar una sola pila.
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