¡Buen viernes! En efusivo vive un derrame: viene de effundere, verter hacia afuera, y guarda la idea de algo que se sale sin que nada lo detenga. Casi siempre un derrame es una pérdida, el vaso volcado, lo que rebasa el borde y toca secar, lo que ya no se recupera. En efusivo pasa lo contrario: ese salirse sin freno no se lamenta, se aplaude en quien quiere en voz alta y no se guarda nada. No está claro si la palabra celebra el derramarse o solo dejó de verle el desperdicio. Gracias por abrir la edición #137. Que este viernes te traiga algún cariño que se salga sin pedir permiso.
Piensa en la última llamada que colgaste con alguien que amas: ¿le dijiste de más lo que sentías, o lo dejaste en un 'bueno, cuídate' confiando en que ya lo sabe?

Nace Consuelo Velázquez, compositora de 'Bésame Mucho'
En Ciudad Guzmán, Jalisco, nace Consuelo Velázquez, pianista y compositora que a sus veintitantos años escribió 'Bésame Mucho', antes siquiera de haber dado su primer beso. La canción se volvió una de las más grabadas de la historia y llevó el corazón mexicano a cada rincón del mundo.
Imagina cada despedida y cada baile lento sin 'Bésame Mucho' sonando de fondo: ¿qué se le apagaría a tu manera de querer?
efusivo
Etimología Del latín effusus, participio de effundere ('derramar, verter hacia afuera'), formado por ex- ('hacia afuera') y fundere ('verter'). Literalmente, lo que se derrama sin contención.

Que manifiesta su cariño o entusiasmo de forma abierta y cálida, sin guardarse nada. Se dice de la persona —o del gesto— que se vuelca en abrazos, elogios y muestras de afecto.

En una burbuja de 330 millones de años luz —la "Gran Nada" de Boötes— deberían apiñarse cerca de 2,000 galaxias; el conteo real es de apenas 60, uno de los vacíos más colosales y solitarios que conocemos en todo el universo.
La sangre que baja por esa regadera era jarabe de chocolate
Basta un cuchillo en alto y unos violines chirriando para reconocer la escena: alguien en la regadera, la cortina que se rasga, el grito. La película de 1960 era en blanco y negro, así que la sangre que se arremolina en el desagüe es en realidad jarabe de chocolate Bosco. Y Alfred Hitchcock había pedido que ese momento fuera mudo, sin una sola nota. Su compositor, Bernard Herrmann, escribió igual esos violines de puñalada; Hitchcock los oyó, reconoció que valían un tercio del efecto de toda la película y le duplicó el sueldo. Lo que hoy nadie logra separar de esa regadera estuvo a punto de no sonar.

Harto de que Google enterrara las webs personales, se hizo su propio buscador
Buscas el portafolio de un ilustrador, o un programita hecho por una sola persona, y el buscador te entierra bajo manuales corporativos y páginas exprimidas para posicionar. Un domingo a las dos de la mañana, harto de eso, Alex Morley-Finch se puso a armar el suyo. La receta: un rastreador que solo mira la portada de cada sitio, y un modelo de lenguaje chico, corriendo en su propia máquina, que lee la página y le escribe nombre, resumen y etiquetas. Para el miércoles al mediodía tenía 560,183 páginas catalogadas por unos diez dólares de GPU rentada, y todo cabía en menos de un gigabyte.
El anfibio que ya solo sobrevivía en las pilas de un convento volvió al lago
En Pátzcuaro, unas monjas dominicas llevan más de un siglo criando en sus pilas de piedra a un animal que casi nadie más cuidaba: el achoque, una salamandra que solo existe en ese lago de Michoacán. Primo del ajolote, se había vuelto tan escaso en el agua libre que su supervivencia dependía del cautiverio, entre conventos, laboratorios y una granja en la isla de La Pacanda. Este 2026, con el lago recuperando manantiales y superficie, mil crías de achoque nacidas en esa isla volvieron al agua. Por primera vez en mucho tiempo, la especie no depende solo de que alguien la críe a salvo: tiene otra vez un lago que la recibe.

Antes de que el plástico saliera del petróleo, se cuajaba con un vaso de leche
Calienta un vaso de leche, échale cuatro cucharaditas de vinagre y en minuto y medio se corta en grumos. Cuélalos, aprieta la pasta contra un molde y déjala secar tres o cuatro días: queda una pieza dura que se lija, se pinta y se pule. No es un truco de feria de ciencias. Con esa misma caseína, en la Exposición de París de 1900 se presentó el Galalith, un plástico de leche con el que durante décadas se hicieron botones, plumas fuente, teclas de piano y hasta las joyas que lució la reina Mary de Inglaterra. Los plásticos del petróleo lo jubilaron después de la guerra; tu cocina todavía sabe hacerlo, y sin químicos tóxicos.

¿Te gustó esta edición?
Recibe la siguiente mañana, gratis.