¡Buenos días! Estás solo en la cocina, te topas con un verso que te gusta y, casi sin pensarlo, lo dices en voz alta, midiendo las pausas para que suene como lo sientes por dentro. Ese gusto por darle cuerpo y entonación a un texto, por volverlo aire y gesto en vez de letra muda sobre el papel. Justo hoy, en 1914, nació Efraín Huerta, que le puso voz a la Ciudad de México y se inventó los poemínimos, versos cortísimos y con humor, hechos para decirse en voz alta sin ponerse solemne. Gracias por abrir la edición #85. Que tengas un buen jueves.
La próxima vez que leas algo que te erice la piel —un poema, la letra de una canción—, ¿te atreverías a decirlo en voz alta, aunque sea a solas en la cocina? ¿Qué cambia cuando una palabra deja de ser leída y se vuelve voz?

Nace Efraín Huerta, el poeta de la Ciudad de México
Nació en Silao, Guanajuato, uno de los poetas mexicanos más queridos del siglo XX, célebre por sus versos de amor y por sus juguetones 'poemínimos' llenos de humor. Cantó como nadie a la Ciudad de México y, junto a Octavio Paz, fundó la revista Taller; en 1976 recibió el Premio Nacional de Letras.
declamar
Etimología Del latín 'declamare', formado por 'de-' (intensificador) y 'clamare' (clamar, gritar): literalmente, alzar la voz con fuerza. De ahí pasó a significar recitar en público con énfasis.

Recitar en voz alta un texto —en especial versos— cuidando la entonación, el ritmo y el gesto. En sentido figurado, también significa hablar con énfasis exagerado o vehemencia teatral.

Cuando la bióloga Monica Gagliano dejó caer macetas de Mimosa pudica sesenta veces seguidas, las plantas dejaron de plegar sus hojas al aprender que la caída era inofensiva, y recordaron esa lección hasta un mes después, pese a carecer de sistema nervioso.
Las aves en bandada nunca obedecieron la tercera ley de Newton
Cuando una parvada de estorninos se retuerce en el cielo del atardecer, cada ave ajusta su rumbo mirando solo a las que tiene delante, nunca a las de atrás. Esa atención de un solo sentido rompe la tercera ley de Newton, la de acción y reacción, y durante décadas la física no supo modelar bien sistemas así. El equipo de Marín Bukov y Roderich Moessner, en la Universidad Técnica de Dresde, dio con un atajo: poner junto a cada pájaro real uno imaginario, orientado al revés, que vuelve recíproca esa fuerza desigual y la deja resolver con las ecuaciones de siempre. El 16 de junio, Nature Physics lo publicó; el mismo truco describe ya multitudes humanas, enjambres de bacterias y tejidos vivos.


El primer número de Mesoamérica quizá no se talló en piedra, sino en barro
Cuando uno piensa en los números mayas, imagina las estelas: barras y puntos tallados en piedra, junto a la cuenta larga del calendario. La figurilla que Julia Guernsey, de la Universidad de Texas, volvió a examinar es lo contrario: un muñeco de barro roto, desenterrado en La Blanca, sobre la costa de Guatemala, con once puntos impresos en tres columnas sobre la cabeza. Acaso un nombre, acaso una cuenta. La datación los lleva a entre el 750 y el 650 antes de Cristo, varios siglos antes de la inscripción numérica más clara que se conocía: el recuento mesoamericano no habría nacido en un monumento, sino en un objeto de uso diario.
La señal en vivo del Mundial colgaba de un formulario abierto a cualquiera
Cuando enciendes un partido del Mundial, la imagen que llega a tu pantalla viaja por una cadena que parece blindada: cámaras en el estadio, claves de transmisión, servidores que solo los técnicos de FIFA deberían tocar. El 16 de junio, un investigador que firma como BobDaHacker halló que para colarse a ese panel bastaba registrarse en la web pública de agentes de FIFA: el permiso se revisaba en el navegador, nunca en el servidor. Desde ahí veía las cinco cámaras de cada juego, podía mover marcadores y, con las claves de transmisión, reemplazar la señal en vivo por lo que quisiera. Pasó horas marcando a FIFA, a la CISA y al FBI; nadie respondió, y al día siguiente el hueco apareció tapado.

La vuelta al mundo en Chapultepec termina este domingo, y es gratis
Cuarenta y ocho pabellones, cada uno con su música, su cocina y sus artesanías, conviven en un mismo bosque: una vuelta al mundo a pie. La Aldea Global cierra en el Bosque de Chapultepec (Puerta de los Leones) este domingo 21 de junio, de 9:00 a 18:00, con entrada gratuita. Es el último fin de semana para probar choripán, ramen y kimchi sin sacar el pasaporte.

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