HOLI · 2 OCT 2026 · EDICIÓN 171
Reflexión
Cuando llegas a una reunión con ganas de todo menos de platicar, ¿te retiras a una esquina sin saber bien por qué, o te obligas a sonreír aunque el cuerpo te pida distancia?

¡Buen viernes! Foraneus, en latín, era el de fuera: el forastero que llega de otra parte y al que, con suerte, se le abre la puerta. De esa raíz salió huraño, que ya no nombra a quien viene de lejos sino a quien, rodeado de los suyos, actúa como si fuera el ajeno y quisiera marcharse. Una palabra empezó señalando al que entra y terminó describiendo al que se aparta, y no está claro cuándo el forastero de la puerta se volvió el que esquiva la reunión. Gracias por abrir la edición #171. Que el viernes afloje pronto y el descanso alcance para todo el fin de semana.

Palabra del día

huraño

adjetivo

Etimología Del latín foraneus ('de fuera, forastero'), con influencia de 'hurón'. Describe a quien se comporta como ajeno, siempre al margen del trato con los demás.

Imagen ilustrativa de huraño

Que rehúye el trato social y se muestra esquivo o poco sociable. Suele decirse de personas, aunque también de animales que evitan el contacto.

Desde que se mudó al pueblo, don Rafa se volvió huraño: saluda de lejos y rara vez acepta un café en la plaza.
Imagen del dato curioso: Henry Cavendish, científico huraño y recluso
Dato curioso del día

Henry Cavendish, aristócrata y químico británico, era tan huraño que daba las órdenes para su cena dejando notas sobre la mesa del recibidor, y tras cruzarse una vez con una criada en la escalera mandó construir una escalera trasera para no volver a toparse con nadie en su propia casa. Publicó apenas una fracción de lo que investigó; décadas después de su muerte, al revisar sus papeles, se descubrió que había adelantado en secreto hallazgos sobre la electricidad atribuidos más tarde a Faraday y otros.

Cultura y arte

El corazón que ves en cada playera lo garabateó alguien gratis en un taxi

Lo has visto en una playera, una taza o un imán: una I, un corazón rojo y las letras NY. En 1976, cuando Nueva York peleaba por atraer turistas, el diseñador Milton Glaser resolvió el encargo con un crayón rojo sobre un papel cualquiera, en el asiento de atrás de un taxi. Creía que la campaña duraría un par de meses, así que lo hizo gratis, sin cobrar un centavo. Casi medio siglo después, ese garabato es uno de los logotipos más imitados del planeta, y su autor jamás vio un peso de las camisetas que inspiró.

El corazón que ves en cada playera lo garabateó alguien gratis en un taxi
Recuperar el oído siempre pidió un aparato detrás de la oreja, ya no
Tecnología e innovación

Recuperar el oído siempre pidió un aparato detrás de la oreja, ya no

Quien usa un implante coclear conoce el ritual: antes de dormir, de bañarse o de meterse al mar, se quita el procesador que lleva detrás de la oreja, y con él se apaga el sonido. Ese aparato externo siempre hizo falta porque el micrófono vivía afuera del cuerpo. La austriaca Med-El acaba de meterlo todo (micrófono, procesador y batería recargable) bajo el cuero cabelludo, sin una sola pieza a la vista. En un ensayo con 30 pacientes oyeron de forma comparable a la del modelo de siempre, y ahora pueden oír dormidos, en la regadera o bajo el agua, cosas que antes obligaban al silencio.

Cerca de ti

El agua lechosa que bota cada tortillería ensucia 20 veces más que el drenaje

Cada vez que una tortillería cuece el maíz con cal, escurre un agua lechosa que casi siempre termina en la coladera: el nejayote. Pocos sospechan que ese líquido turbio es, él solo, unas 20 veces más contaminante que el agua del drenaje doméstico. Tras cinco años de trabajo, el Tec de Monterrey y el Instituto de Ingeniería de la UNAM armaron un sistema que lo trata dentro del propio negocio y, probado en una tortillería de Puebla, le quita el 99% de la carga orgánica. De paso lo vuelve biogás, suficiente para cubrir entre el 10% y el 30% del combustible que ese local quemaba, más agua lista para reusarse.

El agua lechosa que bota cada tortillería ensucia 20 veces más que el drenaje
Manos a la obra

Grabar una voz nunca necesitó electricidad, solo una aguja y una hoja de aluminio

Gritas tu nombre hacia un cono de cartón, giras una manivela, y al regresar la aguja al principio tu propia voz te contesta, rasposa, desde una tira de papel aluminio. Grabar sonido suena a estudio, micrófonos y corriente, pero este aparato no tiene una sola pila. En 1877, Thomas Edison armó el primero así: una aguja que siente temblar tu voz y le deja un surco, y que al repasarlo vuelve a temblar igual. Con un cilindro, un clavo y una bocina de cartón puedes rearmarlo en una tarde, y comprobar que guardar una voz humana nunca pidió electricidad, solo una punta que escucha con el tacto.

Grabar una voz nunca necesitó electricidad, solo una aguja y una hoja de aluminio