¡Buen viernes! De lumen, que en latín era la luz y nada más, salieron palabras limpias como 'luminoso' y 'alumbrar', que ni manchan ni calientan. La misma raíz dejó 'lumbre', pero esta se quedó abajo, en el fuego de la cocina: da luz, sí, y también humo, ceniza y una quemadura si te acercas de más. Llama un poco la atención que de una sola idea de luz salieran caminos tan distintos, uno que solo ilumina y otro con el que puedes achicharrarte. Gracias por abrir la edición #130. Que este viernes te deje calor del bueno y ni un dedo quemado.
¿Cuál es la 'lumbre' de tu casa, ese punto donde todos acaban reuniéndose sin ponerse de acuerdo, y hace cuánto no te sientas ahí sin prisa ni pantalla?

Nace la Comisión Federal de Electricidad para llevar luz a todo México
El presidente Lázaro Cárdenas creó por decreto la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en una época en que apenas 7 de los 18 millones de mexicanos tenían electricidad, casi toda en manos de empresas privadas concentradas en las ciudades. La nueva institución se propuso llevar luz a los pueblos y al campo, sin fines de lucro, y con los años se volvió columna del desarrollo y la vida cotidiana del país.
Imagina tu noche sin un solo foco encendido: ¿qué de lo que haces al oscurecer —leer, cocinar, platicar hasta tarde— seguiría siendo posible?
lumbre
Etimología Del latín 'lumen, luminis', que significaba 'luz'. De la misma raíz vienen 'luminoso' y 'alumbrar'.

Fuego encendido, especialmente el que se hace para cocinar o calentar, y por extensión la luz y el calor que despide. También se usa para nombrar cualquier materia que arde con llama.

Los peces de hielo antárticos son los únicos vertebrados sin glóbulos rojos ni hemoglobina: su sangre es incolora, sin una gota de rojo, y sobreviven con corazones enormes que bombean grandes volúmenes de sangre casi transparente y absorbiendo oxígeno directo del agua helada por la piel.
Cuando ardió Atlanta en la pantalla, lo que se quemaba era King Kong
En una noche de diciembre de 1938, un fuego enorme iluminó el cielo de Culver City. Era la quema de Atlanta de Lo que el viento se llevó, y fue de lo primero que se rodó: tan al principio que Scarlett O'Hara todavía no tenía actriz. Lo que en verdad ardía no era la ciudad sureña, sino viejos decorados que el estudio ya no usaba, entre ellos el gran muro de King Kong. Aquella lumbre sirvió además de escenario a un encuentro: mientras las llamas subían, el agente Myron Selznick llevó a su hermano productor ante una joven inglesa y le soltó un «te presento a tu Scarlett O'Hara». Era Vivien Leigh.
Perseguir la sombra de la luna deja ver la totalidad una y otra vez
El miércoles pasado, poco después de mediodía, la lumbre del sol se apagó cerca de dos minutos sobre el norte de España: el primer eclipse total en la Península en más de un siglo. Lo normal es tener una sola oportunidad de ver la totalidad, ahí donde estás parado, y si te la pierdes se acabó. Jonty Wareing armó un visor que junta webcams públicas repartidas por toda la franja, de Islandia a España, y dibuja encima la sombra de la luna avanzando en tiempo real. Como esa sombra llega a cada cámara unos segundos después, puedes adelantarte a la siguiente y volver a ver la totalidad, y otra vez, usando las mismas cámaras de tráfico y de puerto que ya colgaban de internet.
El bosque de palma de cera más grande del mundo no está donde todos lo fotografían
Quien sube al Quindío se detiene en el Valle de Cocora a fotografiar las palmas de cera, altísimas, meciéndose entre la niebla. Pero el mayor bosque de esta especie, la palma más alta del planeta con ejemplares de más de 60 metros, no está ahí: crece a la orilla del río Tochecito, en Tolima, donde sobreviven unas 300.000, el 70% de las que le quedan al país. Durante siglos se taló para el Domingo de Ramos y para raspar la cera que daba lumbre a las velas y que le dio su nombre. El 6 de agosto Colombia la volvió su santuario de flora número 66: casi 2.000 hectáreas donde ya no se puede cortar.
Y si el humo de tu fogata fuera pura leña desperdiciada
Quien ha cocinado sobre lumbre de leña conoce el humo que pica los ojos y ennegrece las ollas: ese humo es, en realidad, madera sin quemar que se va por el aire. En los años ochenta, el ingeniero Larry Winiarski dio con la solución, la estufa cohete: una cámara de combustión en forma de L, forrada de perlita, cuyo tiro se calienta tanto que enciende los propios gases del humo antes de que escapen. Con tres latas de comida y una hora de trabajo, cualquiera arma una que hierve agua con un puño de ramitas, casi sin humo y con la mitad de la leña de un fogón abierto.

¿Te gustó esta edición?
Recibe la siguiente mañana, gratis.