¡Buen viernes! Compras una cámara de diez dólares para vigilar la puerta o al perro, la enchufas y, sin enterarte, empieza a mandar todo lo que ve al servidor de la marca: una correa soldada de fábrica. Paul Philippov y un puñado de voluntarios armaron Thingino, un firmware que borra el de origen y deja la cámara corriendo entera dentro de tu casa, ya en 166 modelos. Le sueltas los dedos a ese vínculo y el video se queda contigo. Gracias por abrir la edición #125. Que este viernes te deje entrar al finde con las manos libres.
Piensa en algo que hoy aprietas dentro del puño —un mensaje que nunca mandaste, un 'y si hubiera sido distinto'—: ¿qué quedaría libre en tus manos si abrieras los dedos?

La Batalla de Boyacá sella la independencia de la Nueva Granada
El ejército libertador al mando de Simón Bolívar derrotó a las tropas realistas españolas en el puente de Boyacá en apenas un par de horas. La victoria abrió las puertas a la liberación de la Nueva Granada y se volvió un símbolo de la independencia de toda Hispanoamérica.
Imagina despertar hoy todavía bajo una corona extranjera: ¿qué de tu vida diaria dejaría de ser tuyo si aquella libertad nunca se hubiera ganado?
desasir
Etimología Del prefijo des- (indica acción contraria) y asir, 'agarrar', que a su vez viene de asa ('agarradera'), del latín ansa. Literalmente, soltar lo que se tenía cogido por el asa.

Soltar o desprender lo que se tiene agarrado. En su forma pronominal, desasirse, significa liberarse de un vínculo, una carga o una persona, ya sea física o emocionalmente.

La Nebulosa del Bumerán, a 5,000 años luz, es el punto más frío conocido del cosmos: una estrella agonizante que al desasirse de su gas a 500,000 km/h se enfrió a apenas 1 kelvin, más gélida aún que el resplandor del Big Bang.
La gorra y el bigote de Mario nacieron de lo que una máquina no podía dibujar
Lo tienes tan grabado que ni lo piensas: gorra roja, bigote tupido, overol azul. Casi nadie sabe que ninguna de esas tres cosas fue una decisión de estilo. Cuando Shigeru Miyamoto dibujó a Mario en 1981 para el arcade Donkey Kong, tenía apenas un puñado de píxeles: no alcanzaban para animar el pelo al saltar, así que le puso gorra; una boca era ilegible a ese tamaño, así que un bigote marcó dónde acababa la nariz; y el overol servía para distinguirle los brazos del cuerpo al moverse. Lo que parece un antojo de caricatura era, pieza por pieza, la respuesta a lo que la máquina no podía dibujar.
La cámara de diez dólares que deja de mandar tu sala a un servidor ajeno
Compras una cámara de vigilancia de diez dólares para cuidar la puerta o al perro, la enchufas y, sin que lo notes, empieza a mandar todo lo que ve al servidor de la empresa que la fabricó. Esa correa viene soldada de fábrica: el firmware de origen obliga a pasar por la nube y a veces carga puertas traseras. Paul Philippov y una comunidad de voluntarios armaron lo contrario, Thingino, un firmware abierto que borra el de fábrica y deja la cámara corriendo entera dentro de tu casa. Hoy funciona en 166 modelos: instalas su código y el video se queda en tu red local, sin cuenta ni nube ajena. La cámara se desase del servidor de la marca y nadie más que tú la mira.
La luciérnaga que no brilla llevaba décadas escondida en un cajón de la UNAM
Persigues en una noche de campo ese parpadeo verde que se enciende y se apaga entre los pastos: una luciérnaga está para brillar. Por eso desconcierta la que Santiago Zaragoza-Caballero e Ishwari Gutiérrez-Carranza acaban de describir, Aorphallus batresae, que carece por completo del órgano bioluminiscente: una luciérnaga que se desasió de la luz, la primera de su género registrada en Nuevo León. Lo más raro es dónde estaba. No salió de una expedición, sino de unos ejemplares olvidados por años en la Colección Nacional de Insectos de la UNAM. La biodiversidad que México no ha nombrado no siempre está lejos: a veces espera en un cajón.

Una levadura dormida desde los faraones volvió a levantar un pan
Cada vez que horneas pan, la levadura que lo infla la compraste hace días, viva y de sobre. Seamus Blackley, el ingeniero que ayudó a crear el Xbox, quiso otra cosa: muestreó sin dañarlos los poros de vasijas egipcias de hace 4,500 años, guardadas en museos de Boston, para despertar a las esporas de levadura que ahí seguían dormidas. Con la egiptóloga Serena Love y el microbiólogo Richard Bowman las cultivó, las alimentó con granos antiguos y amasó una hogaza. La masa subió como cualquier otra, con un aroma que él describió más dulce que el de hoy: un microbio que no comía desde los faraones volvió al trabajo.
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