¡Buenos días! En 1967 corrieron a John Dobson de su convento por una manía: tallaba telescopios con basura y sacaba a los vecinos a ver la Luna. Frotaba dos discos de vidrio con grava y agua, a pura mano, hasta dejar la superficie bruñida a millonésimas de pulgada, tan lisa que devolvía la luz sin una arruga. Un espejo así no brilla solo: alguien lo pule despacio hasta que reluce. Lo de abajo va de esa clase de brillo, el que se trabaja con paciencia. Gracias por abrir la edición #118. Que este miércoles te deje un rato para mirar hacia arriba.
En la última junta o comida donde presentaste algo tuyo —una idea, un logro pequeño—, ¿lo dejaste refulgir o bajaste la voz para no parecer que presumías?

Pakal el Grande asciende al trono de Palenque
A los 12 años, K'inich Janaab' Pakal se convirtió en ajaw (gobernante) de Palenque, en el actual Chiapas. Durante su reinado de casi 70 años, la ciudad maya vivió su mayor esplendor, con templos y una tumba labrada que hoy son orgullo del patrimonio mexicano.
Imagina que nunca se hubieran levantado los templos de Palenque: ¿qué le faltaría a tu idea de todo lo que los mayas fueron capaces de crear?
refulgir
Etimología Del latín «refulgere», formado por el prefijo intensivo «re-» y «fulgere» (brillar, resplandecer), la misma raíz de «fulgor» y «fúlgido».

Brillar con intensidad, emitir destellos o resplandor vivo. Se usa sobre todo para lo que reluce por reflejar la luz —metales pulidos, piedras, superficies bruñidas—, aunque también en sentido figurado para algo que sobresale con esplendor.
El segundo producto más valioso que España extrajo de México tras la plata no fue oro ni especias, sino la grana cochinilla: un insecto del nopal del que hacían falta unas 70,000 hembras secas por cada medio kilo del rojo más codiciado de Europa.
Los seis segundos de batería que millones han bailado sin saber de dónde salieron
Puede que no la reconozcas por su nombre, pero la has oído miles de veces: en un tema de N.W.A, en la música jungle, en anuncios y hasta en la cortina de una caricatura. Son seis segundos de batería que Gregory Coleman grabó en 1969 para «Amen, Brother», un lado B de The Winstons que casi nadie compró. Cuando llegó la era del sampleo, ese redoble se coló en más de 5,500 canciones sin pedir permiso ni pagar un peso. Coleman murió sin un centavo en Atlanta, en 2006, casi seguro sin saber que era el baterista más sampleado del mundo. En 2015, fans de medio planeta juntaron unas 24,000 libras para el líder de la banda: no una regalía, un gracias tardío.


La libertad después de la cárcel empieza por decidir quién entra a tu cuarto
Sales de prisión después de años y el sitio que te acoge se parece demasiado a la celda que dejaste: cama asignada, compañero impuesto, alguien vigilando quién entra. En Oakland, gente que vivió justo eso le dio la vuelta. Con la arquitecta Deanna Van Buren y su despacho Designing Justice + Designing Spaces, diseñaron el Cuarto Refugio Móvil, un módulo de madera donde quien llega decide la luz, dónde sentarse y a quién deja pasar. No es lujo, es mando: en Estados Unidos, 62% de quienes salieron de prisión en 2012 fueron arrestados otra vez en tres años, casi siempre desde un techo que los seguía tratando como reos. Aquí, por primera vez, cierran su propia puerta.
Pulir un espejo a mano puede salir más preciso que una máquina
En 1967, tras veintitrés años de monje, a John Dobson lo corrieron de su convento de San Francisco por una manía: armaba telescopios con basura y sacaba a los vecinos a ver la Luna. Pulir el espejo parecía cosa de fábrica, de máquinas carísimas. Él lo hacía a mano: frotaba dos discos de vidrio con grava y agua, y con una navaja y un foco casero medía la curva. Así, con vidrio de ojo de buey de un barco y tubos de cartón, cualquiera tallaba un espejo preciso a unas millonésimas de pulgada. Fundó los Sidewalk Astronomers y enseñó a miles a hacer el suyo, y a mirar por él en plena banqueta.
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