¡Buen viernes! Un 24 de julio como hoy, en 1783, nació en Caracas un niño flaco que acabaría poniendo de pie a medio continente. Simón Bolívar empujó la independencia de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, y su idea de una América libre se fue pasando de plaza en plaza hasta que ya nadie logró apagarla. No prendió solo por su propio coraje, sino por el que iba despertando en cada persona que lo escuchaba hablar. Lo de hoy va con esa chispa que salta de uno a muchos. Gracias por abrir la edición #115. Que este viernes te contagie las ganas de empezar algo y que el finde te agarre en movimiento.
Piensa en la última junta o sobremesa donde alguien habló con tanta convicción que te dejó con ganas de actuar: ¿qué fue lo que te enardeció, sus palabras o algo tuyo que ya estaba esperando la chispa?

Nace Simón Bolívar, el Libertador de América
El 24 de julio de 1783 nació en Caracas Simón Bolívar, el hombre que encabezó la independencia de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Su sueño de una América Latina libre y unida encendió a todo el continente y hasta hoy lo convierte en el símbolo mayor de la lucha por la libertad.
Imagina un continente donde la palabra libertad nunca se pronunció en voz alta: ¿reconocerías el lugar que hoy llamas tu país?
enardecer
Etimología Del latín «inardescere», de «in-» (adentro) + «ardescere» / «ardere» (arder). Comparte raíz con «arder» y «ardiente»: literalmente, prender fuego por dentro.

Encender los ánimos, avivar una pasión o un entusiasmo hasta hacerlos arder; exaltar el valor o el coraje de alguien. En sentido físico también significa causar ardor o inflamación en una parte del cuerpo.

En La Gomera los pastores conversan con el silbo gomero, un español convertido en silbidos que cruza barrancos hasta 10 km; y al escucharlo, el cerebro de los silbadores expertos lo procesa en las mismas regiones del lenguaje que el habla, mientras los no iniciados solo oyen chiflidos.
La canción de amor más grabada la escribió alguien que nunca se había besado
La tarareas en cada boda y en cada bar de boleros, convencido de que salió de un romance encendido. La verdad es más tierna: Consuelo Velázquez compuso «Bésame mucho» siendo adolescente, antes de que la besaran por primera vez, y confesó que todo era pura imaginación, criada para creer que besar era pecado. La melodía tampoco nació entera suya: la tomó de Quejas, o la maja y el ruiseñor, una pieza del español Enrique Granados. De esa fantasía de una jalisciense salió la canción en español más grabada de la historia, versionada hasta por los Beatles.

Construyeron una voz de IA en su lengua y eligieron no soltarla
Le dictas algo al teléfono y una voz sintética te contesta en tu idioma: das por hecho que existe. Para el te reo māori no existía, y las grandes tecnológicas ya habían raspado sin permiso los pocos datos que había. En la Universidad de Waikato, Te Taka Keegan armó su propia voz con menos de ocho horas de grabación de una sola mentora, Ngaringi Katipa, corriendo local y sin conexión. Los hablantes nativos la tomaron por humana una de cada tres veces. En vez de subirla a internet, la dejó bajo el control de tres iwi: Waikato, Maniapoto y Raukawa: la voz de la lengua se queda en casa, no en un servidor ajeno.
Un colibrí que solo vivía en California apareció por primera vez en Jalisco
Cuelgas un bebedero de agua dulce en la ventana y esperas al colibrí de siempre, el que zumba un par de segundos y se va. En Ahuacapán, un pueblo de la Sierra de Amula que hasta le organiza festival a estos pájaros, biólogos de la Universidad de Guadalajara vieron llegar a uno que no cuadraba: Calypte anna, de apenas tres gramos, cuyo territorio conocido es la costa de California y el noroeste mexicano, y que nunca se había registrado en Jalisco. El macho enardece su garganta rosa cada vez que la luz le pega de frente. Con este visitante, el estado pasó a contar 25 especies de colibrí, y en octubre Ahuacapán abre su sexto festival para salir a buscarlas.

Dos mil canicas de acero y una manivela que toca una canción entera
De niño casi todos soltamos una canica por una rampa solo para oírla rodar, y ahí terminaba el juego. El sueco Martin Molin quiso que esa canica, multiplicada por dos mil y hecha de acero, tocara música. Calculó dos meses de trabajo; el reto lo enardeció y acabó comiéndole catorce, diseñando y fabricando a mano cerca de 3,000 piezas. Se le da vuelta a una manivela y las canicas viajan por tubos y embudos hasta un vibráfono, un bajo y una batería, todo programado en una rueda de piezas de Lego Technic, como los carillones de las torres. El video de esa máquina, la de la banda Wintergatan, lleva más de 135 millones de vistas, y él filmó cada paso para quien quiera entenderla.

¿Te gustó esta edición?
Recibe la siguiente mañana, gratis.