¡Buen lunes! El 13 de julio de 1930, las gradas de Montevideo se volvieron un solo estruendo de porras y silbidos: arrancaba la primera Copa del Mundo de la historia y México jugaba ese mismo día su debut. Aquel griterío encimado, alegre y sin ganas de bajar la voz, prendió buena parte de la pasión futbolera que todavía cargamos. Lo de hoy va con ese mismo bullicio, el que te contagia y te pide sumarte. Gracias por abrir la edición #105. Que la semana te empiece con el ánimo alto.
La próxima vez que estés rodeado de gritos y risas encimadas —una comida familiar, una porra, un festejo— fíjate si te dejas contagiar o si buscas apagar el ruido. ¿Cuándo fue la última vez que te sumaste a la algarabía sin preocuparte por bajar la voz?

Arranca el primer Mundial de futbol en Uruguay
Este día comenzó en Montevideo la primera Copa del Mundo de la historia, con Uruguay como anfitrión. México disputó ese mismo día su primer partido mundialista, inaugurando una pasión futbolera que se volvería parte esencial de la identidad nacional.
algarabía
Etimología Del árabe hispánico «al-‘arabiyya» (la lengua árabe): como los cristianos no la entendían, la palabra pasó a significar un barullo confuso de voces, y de ahí, con el tiempo, el griterío alegre de mucha gente hablando a la vez.

Gritería confusa y bulliciosa de varias personas que hablan o celebran al mismo tiempo, especialmente cuando expresa alegría y entusiasmo. También se usa para nombrar cualquier ruido desordenado y festivo.
El tapón de cerumen que las ballenas barbadas acumulan de por vida se lee como los anillos de un árbol —cada capa equivale a seis meses—, y su cortisol permitió reconstruir 146 años de estrés que subía y bajaba al ritmo de la caza industrial.
Las células que te dan la vista fina no llegaron ahí: se transformaron
Ahora mismo, para leer esta línea, tu ojo apoya casi toda la nitidez en un punto minúsculo del centro de la retina: la foveola, una fracción diminuta del tejido que, sola, resuelve la mitad de todo lo que ves. Durante treinta años se enseñó que los conos rojos y verdes, los del detalle, migraban hasta ahí desde otras zonas. En retinas cultivadas en laboratorio, el equipo de Robert J. Johnston Jr., en Johns Hopkins, vio otra cosa: hacia la semana 14 de gestación, unos conos azules ya presentes se convierten en rojos y verdes, empujados primero por el ácido retinoico y luego por la hormona tiroidea. No viajaron: cambiaron de identidad ahí mismo.


El aire acondicionado que sobra en una casa puede salvar a otra del calor
Cuando el termómetro raspa los 38 grados, quien no tiene aire acondicionado en casa aguanta la ola de calor a puerta abierta y ventilador, porque un aparato de ventana cuesta 150 dólares que muchos no tienen. La ayuda de siempre suele pedir que compruebes que de verdad lo necesitas. En Watertown, Massachusetts, un grupo llamado Watertown Neighbors le dio la vuelta: recoge los aires que otros vecinos ya no usan, los lleva y los instala gratis, sin papeleo ni preguntas. Este verano ya colocaron cerca de 30 aparatos. 'Buena parte de la ayuda mutua es disolver la frontera entre quien da y quien recibe', dice Allison Eck, una de sus impulsoras.
El juego de pelota de Tenochtitlan solo existía en papel, hasta ahora
El juego de pelota de los mexicas se conocía de oídas: los cronistas contaron cómo dos equipos movían una pelota de hule con caderas y codos, sin tocarla con las manos, entre la algarabía de las gradas. De la cancha misma, sepultada bajo el Centro Histórico, no quedaba una sola piedra a la vista. Desde 2009, el arqueólogo Raúl Barrera y el INAH la fueron rescatando a 90 centímetros bajo la calle de República de Guatemala: 50 metros de largo, cinco etapas construidas entre 1440 y 1521. Hasta el 19 de julio puede bajarse a verla, con reservación, junto al Templo Mayor.
El estetoscopio que iguala al líder del mercado se imprime en tres horas
En 2012, en una sala de urgencias de Gaza, diez médicos se turnaban un mismo estetoscopio: el equipo escaseaba y comprar más era imposible. Tarek Loubani, médico de urgencias canadiense-palestino, se acordó del estetoscopio de juguete de su hija y decidió rehacerlo en serio. Diseñó uno imprimible en plástico ABS por unos tres dólares, con tubo de goma del que usan las máquinas de Coca-Cola, y lo puso a prueba en PLOS ONE contra el Littmann Cardiology III, el líder del mercado: la misma calidad acústica. Los planos quedaron abiertos en línea; hoy quien tenga una impresora saca en tres horas un aparato que antes había que comprar o pedir prestado.

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