¡Buen viernes! Un movimiento estudiantil llevaba meses empujando cuando, en 1929, el presidente Emilio Portes Gil firmó la ley que le dio a la Universidad Nacional el derecho a gobernarse sola y a enseñar sin que el Estado le marcara el paso. La que hoy es la UNAM dejó de pedirle permiso a nadie para pensar. Y no se lo concedieron de regalo: se lo tomó. Lo que sigue se mueve en esa dirección, la de dejar de esperar el visto bueno de fuera. Gracias por abrir la edición #104. Que este viernes te suelte con ganas de decidir algo tuyo.
¿Qué decisión pequeña —cambiar de trabajo, cortarte el pelo, decir que no— llevas meses posponiendo hasta que alguien te dé permiso, cuando en el fondo ya sabes que el permiso solo puede dártelo una persona: tú?

La Universidad Nacional conquista su autonomía
El presidente Emilio Portes Gil promulgó la Ley Orgánica que otorgó autonomía a la Universidad Nacional de México, hoy la UNAM. Fue el triunfo de un movimiento estudiantil que dio a la máxima casa de estudios la libertad de gobernarse y enseñar sin injerencia del Estado, cimiento de la vida intelectual y cultural del país.
emancipar
Etimología Del latín «emancipare», de «e-» (fuera) más «mancipium» (dominio, propiedad), formado a su vez por «manus» (mano) y «capere» (tomar). En Roma, el padre soltaba literalmente de su mano al hijo para liberarlo de su tutela.

Liberar a alguien de una tutela, sujeción o dependencia para que pueda gobernarse y valerse por sí mismo. Se usa mucho como pronominal —emanciparse—: dejar de depender de una autoridad y tomar las riendas de la propia vida.
En 2002 dos astrónomos de Johns Hopkins promediaron la luz de más de 200,000 galaxias para hallar el color medio del universo: no resultó ser negro ni azul, sino un beige tenue que bautizaron «cosmic latte».
El título universitario está dejando de ser la llave del primer empleo
A los diez años, en Glasgow, Bruce Devlin dejó la escuela a medias para cuidar a su madre enferma; cuando ella murió, en 2021, cargaba con el duelo, ningún título y temporadas durmiendo a la intemperie. Cada vacante de oficina lo frenaba en el mismo filtro: pedía un diploma universitario. La organización Generation le dio la vuelta al requisito y lo formó en ocho semanas por lo que las empresas de verdad ocupan, no por un cartón; hoy es ingeniero de calidad de software, con dos ascensos encima. De los 800 que pasaron por sus cursos el año pasado, 556 ya trabajan, contratados por lo que saben hacer y no por un título que no tienen.


La campaña que te prohibía copiar disquetes ahora te ruega que lo hagas
En una gaveta, bajo cables que ya nadie usa, sobrevive un disquete con algo adentro: una tesis, unas fotos, un juego que nadie más guardó. El plástico no es eterno; la capa magnética que sostiene los datos se descama, cría moho y, mal almacenada, se borra sola. En los noventa, una campaña antipiratería machacaba en las escuelas 'no copies ese disquete'; hoy la Biblioteca de la Universidad de Cambridge invirtió el lema con una guía abierta, Copy That Floppy!, que enseña a emancipar esos archivos con una lectora USB barata o, si el disco agoniza, leyendo su flujo magnético hebra por hebra. Lo que un anuncio mandó no copiar, hoy conviene copiar mientras todavía se pueda.
Un águila amenazada apareció 150 kilómetros fuera de su territorio, y conviene alegrarse
Una cámara atada a un árbol dispara sola cuando algo cruza enfrente, y casi siempre devuelve lo mismo: un venado, un mapache, la noche vacía. Esta vez, en el corazón de la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda, en Querétaro, salió un ave que no tendría por qué estar ahí: un águila tirana, depredador tope cuyo territorio conocido queda a más de 150 kilómetros, del lado del Golfo. La especie está en peligro de extinción y nunca se había registrado en la reserva. Un cazador así solo se queda donde hay presa y monte sano que lo sostenga; su llegada, confirmada con los habitantes del ejido de Ayutla, funciona como boleta de calificaciones del ecosistema. Donde antes no figuraba en lista alguna, hoy un ave rara vino a certificar que el bosque aguanta.

El foco que funciona sin cable ni recibo, con una botella de agua
Es mediodía y en un cuarto sin ventanas hay que encender el foco de todos modos: el sol se queda afuera. En 2002, durante los apagones que racionaban la luz en Brasil, el mecánico Alfredo Moser dio con un atajo sin cable ni recibo. Llenó una botella de refresco con agua y dos tapitas de cloro (para que no se pusiera verde), la encajó en un hoyo del techo y la selló con brea. El agua refracta el sol y reparte por el cuarto tanta luz como un foco de 40 a 60 watts, gratis y solo de día. De esa ocurrencia salió Liter of Light, que ya emancipó de la oscuridad a cientos de miles de casas, del techo hacia adentro.

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