¡Buen miércoles! ¿Has notado cómo algunas cosas crecen tupidas casi sin permiso, llenándose de hojas mientras uno mira para otro lado? Una conversación que se ramifica, una amistad que se espesa, un jardín que un día amaneció denso. Así crecieron, lentos y apretados, los abetos de los Alpes que terminaron en manos de Stradivari; y así trabaja, sin que lo sepamos, esa red de venas que enjuaga el cerebro cada vez que damos un paso. Gracias por abrir la edición #45. Que el miércoles se porte.
¿Qué área de tu vida sientes hoy un poco seca — y cuál otra, casi sin darte cuenta, se ha vuelto frondosa de tanto cuidarla?
frondoso
Etimología Del latín 'frondōsus', derivado de 'frons, frondis' (hoja, follaje). Originalmente describía árboles cargados de ramaje, y con el tiempo se extendió a todo lo abundante y exuberante.

Que tiene mucho follaje, denso y exuberante. Por extensión, se aplica a lo que crece con abundancia generosa: una cabellera, una conversación llena de matices, una vida con muchas ramas.
En la cima del Mínimo de Maunder (1645-1715), un descenso anómalo de la actividad solar congeló Europa por décadas. Los abetos rojos de los Alpes italianos crecieron lentos y poco frondosos, produciendo anillos estrechos y madera excepcionalmente densa: justo la que Antonio Stradivari talló durante su 'período dorado', y que los dendrocronólogos Henri Grissino-Mayer y Lloyd Burckle proponen como parte del secreto irrepetible del sonido Stradivarius.
Cada paso que damos, sin saberlo, también enjuaga al cerebro
Hasta hoy, pensábamos en el cuerpo como un cuello hacia arriba: la cabeza decide y el resto obedece. El laboratorio de Patrick Drew, en Penn State, llegó a la conclusión opuesta. Filmaron ratones moviéndose con dos técnicas de microscopía y descubrieron que cada vez que el roedor tensa el abdomen para arrancar un paso, una red frondosa de venas empuja sangre hacia la columna y hace que el cerebro se balancee dentro del cráneo. Ese vaivén basta para mover el líquido cefalorraquídeo y arrastrar consigo los desechos cuya acumulación se asocia con el Alzheimer. El hallazgo, publicado el 27 de abril en Nature Neuroscience, sugiere que caminar no solo entrena las piernas: también enjuaga el cerebro.

Los buzos los sacaron en 1990 creyéndolos romanos; eran mil años más jóvenes
En 1990, unos buzos sacaron del fondo del Mediterráneo, frente a Benicarló, una pila de cascos de hierro corroídos. Por la cercanía de piezas clásicas, los museos los inventariaron como armaduras romanas y así pasaron treinta y cinco años. La pista del error estaba dentro del propio metal: la corrosión había sellado unos forros de tela que, contra todo pronóstico, sobrevivieron sumergidos. Un equipo encabezado por M. Frallicciardi, en la revista Antiquity, dató esas fibras con radiocarbono y movió el reloj más de mil años hacia adelante: los 43 cascos son del siglo XIV o XV, infantería modesta que defendía la costa valenciana del azote de los corsarios. No fueron las legiones de Roma; fueron sus milicianos.
Hace un año dormía en una calle de Caracas; hoy atiende ahí a otras mujeres
Hasta hace dos años, una mujer sin hogar en Caracas no tenía a quién pedirle un Papanicolau o un ultrasonido prenatal: los hospitales públicos pedían documentos que ella ya no cargaba. En noviembre de 2024, la Fundación Santa en las Calles sumó a su clínica rodante (la Panabus, en las calles desde 2016) un servicio gineco-obstétrico gratuito; al cierre de 2025 ya había atendido a más de 100 mujeres con cáncer cervical, anticonceptivos y consultas prenatales. La directora médica que abre la puerta de la unidad cada lunes vivió en esas mismas aceras hasta hace unos meses.
La copia más completa de internet abrió oficina en una abadía milenaria
En la abadía de San Galo, al este de Suiza, los monjes copiaron manuscritos a mano durante mil años: Plinio, Aristóteles, los Salmos sobre pergamino. Allí mismo, hace unos días, se inauguró la cuarta sede de Internet Archive, la fundación que desde 1996 custodia la copia más completa de la web. La elección no es casual: la abadía de San Galo es Patrimonio de la Humanidad y su biblioteca, una de las más antiguas de Europa, conserva más de 170,000 libros. El director de Internet Archive, Brewster Kahle, lo dijo así: los monjes preservaron el conocimiento de su tiempo, nosotros preservamos el del nuestro.

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