¡Buen lunes! ¿Conoces ese estado en el que la mañana avanza sin prisa y el café te dura más de lo previsto? Esa cualidad de lo que fluye sin sobresaltos: una conversación que no necesita rellenar silencios, una luz que entra de costado, un trabajo hecho con paciencia de años. Así hila Chiara Vigo el bisso marino en Sant'Antioco, y así recorrerás el nuevo LACMA de Peter Zumthor, una sola planta larga como tres campos de fútbol donde cada quien traza su ruta. Gracias por abrir la edición #34. Buen comienzo de semana.
¿Cuándo fue la última vez que te permitiste habitar un momento apacible —un café, una tarde, una conversación— sin la culpa de sentir que estabas perdiendo el tiempo?
apacible
Etimología Del antiguo 'aplacible', derivado del latín 'placibilis' (que agrada), de 'placere' (gustar, complacer). Con el tiempo, su sentido se mezcló con la idea de 'paz'.

En la apacible isla sarda de Sant'Antioco, Chiara Vigo asegura ser la última maestra viva del bisso marino, una seda dorada hilada con los finísimos filamentos que el molusco Pinna nobilis secreta para anclarse al fondo del Mediterráneo. La labor es tan minuciosa que un solo par de guantes tejidos exige el biso de unas 150 conchas.
El manual para regenerar un brazo es el mismo en la salamandra y en el ratón
Cuando una salamandra pierde una pata, le crece otra entera, con huesos, músculos y nervios. Al ratón le queda apenas el muñón, y a nosotros también. El laboratorio de Josh Currie, en la Universidad de Wake Forest, descubrió que ajolotes, peces cebra y ratones encienden los mismos dos genes (SP6 y SP8) al intentar regenerar un miembro; al apagarlos con CRISPR, ninguno logra rehacer hueso. La receta es la misma; lo que cambia es cuánto la siguen. Cuando entregaron a ratones la señal química que esos genes activan, la FGF8, los animales recuperaron parte del hueso de un dedo amputado: la primera vez que un mamífero sigue, aunque a medias, las instrucciones de la salamandra.

Y si dejáramos de ordenar el arte por países
Cuando uno entra a un museo grande, casi siempre hay una sala para arte europeo del Renacimiento, otra para arte chino antiguo, otra para arte africano: cada cultura en su propio cuarto. El nuevo edificio del LACMA en Los Ángeles, abierto al público el 4 de mayo, le da la vuelta al mapa. 45 curadores colgaron 6,000 años de arte usando los océanos como brújula (Pacífico, Índico, Atlántico y Mediterráneo), en torno a las rutas por donde la gente y los objetos siempre viajaron juntos. El edificio de Peter Zumthor, una sola planta apacible y larga como tres campos de fútbol, no marca un solo recorrido: cada visitante traza el suyo.
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