¡Holi! Abre el cajón de los trastes y ahí sigue ese molcajete de tu abuela, mellado pero firme, que ha visto pasar tres mudanzas y dos generaciones. Para esa mezcla de antigüedad y dignidad existe una palabra justa, y es la que abre el correo de hoy. Le ocurre a las torres de barro persas que llevan veinticuatro siglos fabricando hielo en pleno desierto, y a los sellos descoloridos que asoman por el reverso de los cuadros recién colgados en el Orsay. Gracias por abrir la edición #29. Que tengas un día bonito.
¿Qué objeto vetusto guardas en tu casa que ha sobrevivido a cada mudanza, y qué parte de ti sigue latiendo dentro de él?
vetusto
Etimología Del latín 'vetustus', derivado de 'vetus' (viejo, antiguo). Llegó al español culto conservando ese aire reverente hacia lo que ha sobrevivido al paso del tiempo.
Que es sumamente antiguo y muestra abiertamente las huellas del tiempo. Suele aplicarse a edificios, objetos o costumbres que perduran desde épocas remotas, con un matiz de respeto más que de desdén.
En pleno desierto persa, ingenieros del año 400 a. C. ya levantaban yakhchāl: vetustas torres cónicas de barro que fabricaban hielo aprovechando el efecto chimenea solar, el enfriamiento radiativo y las gélidas noches del desierto. Su mortero impermeable —llamado sarooj— mezclaba arena, cal, ceniza, claras de huevo y pelo de cabra, y resultó tan resistente que muchos de esos domos siguen en pie veinticuatro siglos después.
Un equipo de la Universidad de Oxford, encabezado por la doctora Oana Băzăvan y el físico Raghavendra Srinivas, publicó el pasado 1 de mayo en Nature Physics el primer 'quadsqueezing' jamás logrado en un laboratorio: una sutilísima interacción cuántica de cuarto orden que hasta ahora vivía solo en las pizarras de los teóricos. Trabajando con un único ion atrapado en un campo electromagnético, los investigadores combinaron dos fuerzas finamente sincronizadas que, al actuar juntas, producen un efecto más rico que la suma de sus partes —y lo hacen cien veces más rápido que con cualquier técnica anterior—. El hallazgo abre un banco de pruebas inédito para la simulación cuántica, los sensores de precisión extrema y los futuros ordenadores cuánticos.
El Musée d'Orsay de París inauguró el martes 5 de mayo su primera sala permanente dedicada a obras saqueadas por los nazis: trece piezas de Renoir, Degas, Cézanne, Sisley y Alfred Stevens que todavía esperan a sus herederos legítimos. El gesto curatorial es inédito —las pinturas cuelgan de modo que el visitante pueda asomarse al reverso, donde sellos, etiquetas y vetustas marcas de inventario trazan el itinerario por el que cada cuadro pasó de la casa de una familia judía a las arcas del Tercer Reich. Francia conserva todavía cerca de 2,200 obras 'huérfanas' bajo la sigla MNR (Musées Nationaux Récupération); el Orsay alberga 225 y, desde 1994, ha devuelto quince a sus dueños originales.
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