¡Buen miércoles! Hay un punto en la roca donde el agua empieza a salir sola, sin que nadie la empuje, igual que cuando una idea o una alegría te brotan dentro y solo hay que dejarlas correr. Hoy México lo celebra con el baño de San Juan, metiéndose a ríos y manantiales cuando llegan las lluvias que reverdecen la milpa. Lo mismo asomó en Aspendos, en un mosaico de un dios recostado sobre un ánfora del que salía el agua, y en una semilla de 2,000 años que brotó y se ganó el nombre de Matusalén. Gracias por abrir la edición #89. Que el miércoles se porte.
Cuando algo bueno empieza a fluir en tu vida casi sin esfuerzo —una conversación, un proyecto, una mañana ligera—, ¿lo dejas correr o tiendes a taparlo con tus apuros? Hoy que se celebra el agua que renueva los campos, fíjate de qué fuente tuya quisieras que volviera a manar.

Día de San Juan: agua, lluvia y renovación de los campos
Cada 24 de junio México celebra el Día de San Juan Bautista, una fiesta donde la devoción católica se fundió con los antiguos rituales prehispánicos a Tláloc, dios de la lluvia. La gente acude a ríos y manantiales para el tradicional baño de San Juan, que promete salud y buena suerte, justo cuando llegan las primeras lluvias que reverdecen la milpa. Es una de las tradiciones más queridas y extendidas del país, con cientos de celebraciones en pueblos de todo México.
manar
Etimología Del latín «manare», que significaba fluir, correr o gotear. La misma raíz dio palabras como «emanar».

Brotar o salir un líquido, especialmente agua, desde su origen, como ocurre en un manantial. En sentido figurado, surgir algo con abundancia, como cuando manan las ideas o la alegría.

La palmera datilera de Judea, alabada por romanos y extinta durante siglos, fue resucitada cuando botánicos en Israel lograron germinar seis semillas de 2,000 años halladas en Masada y Qumrán; a la primera, brotada en 2008, la bautizaron Matusalén.
Una vitamina de farmacia podría despertar la defensa que el glioblastoma apaga
Hasta hoy, quien recibía un diagnóstico de glioblastoma escuchaba casi la misma sentencia que hace veinte años: el cáncer cerebral más agresivo del adulto, con un puñado de tratamientos que apenas se han movido en dos décadas. El tumor tiene una jugada conocida: apaga las células inmunes que deberían atacarlo y las deja inertes a su alrededor. El laboratorio de Wee Yong, en la Universidad de Calgary, probó contra eso algo insólitamente barato: dosis altas de niacina, la vitamina B3 de cualquier farmacia, que reaviva esas defensas dormidas. En el ensayo, 82% de los 24 pacientes seguían sin progresión a los seis meses. Una vitamina común, no un fármaco nuevo, reanimando lo que el tumor había silenciado.


Un dios del agua quedó sepultado por un terremoto y reapareció casi entero
La ciudad de Aspendos, en la costa sur de la actual Turquía, le debía la vida a un río. El Eurymedon regaba sus campos y alimentaba su puerto, y sus habitantes lo veneraron como a un dios; en el siglo III lo retrataron en el piso de una alberca: un joven recostado sobre un ánfora de la que manaba el agua, rodeado de cañas y peces. Un terremoto partió el edificio en el año 262 y la escena quedó sepultada. Excavando la Calle del Teatro, los arqueólogos acaban de devolverla a la luz casi completa. Los dioses fluviales apenas asoman en los mosaicos de Anatolia: este pasó dieciocho siglos bajo tierra.
Una madre pasó diez años reescribiendo la ley que llegó tarde para su hija
Cuando un juez de Nueva York decide con quién se queda un niño tras una separación, sopesa decenas de factores, y hasta ahora una denuncia de abuso o de violencia era apenas uno más en la lista, fácil de diluir entre los demás. En 2016, Kyra, la hija de dos años de Jacqueline Franchetti, fue asesinada por su padre durante una visita sin supervisión que un juez había autorizado. Esta madre de Long Island pasó diez años yendo a Albany, reescribiendo el texto una y otra vez para que las acusaciones sin sustento no pudieran usarse como arma. El 5 de junio, las dos cámaras aprobaron la Ley de Kyra: ahora el juez debe resolver primero si el niño corre peligro, antes que cualquier otro factor. Falta la firma de la gobernadora.
Para recoger los juguetes del suelo no hacía falta un robot que camine
Para que una máquina recoja los juguetes regados por el cuarto, casi todos imaginan lo mismo: un humanoide que camina, con decenas de motores y precio de automóvil. Nathaniel Nifong, ingeniero y padre de tres, lo armó al revés. Ancló en las cuatro esquinas del techo una garra colgada de cables: al tensarlos o aflojarlos con motores, la pinza alcanza cualquier rincón sin patas ni ruedas, y aprende por imitación qué recoger y dónde soltarlo. Los planos, el firmware y las instrucciones quedaron abiertos en GitHub, y un kit armado cuesta mil dólares. Su apuesta es simple: menos motores, menos precio.

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